viernes, 15 de junio de 2012

Memorias: Romina


Nadie te dice como llevar tu vida. Tampoco te cuentan que crecer sin una madre es difícil. Incluso olvidan mencionarte que tu padre tiene derecho de tener otra mujer en su vida además de tu madre fallecida. ¿Cuándo se convierte aquél dúo dinámico en trío, o peor aún en cuarteto? Y no olvidemos los otros dos que se unieron a la imitación de la familia Von Trapp. Quizá uno nace con un instructivo de cómo lidiar con la vida misma, sin embargo, olvidaron empaquetar el mío.

Mi madre murió cuando yo nací. El karma debe estarme persiguiendo constantemente desde entonces, porque mi vida no es como debería de ser ¿O acaso así es como debe ser la vida de alguien como yo?

Es la primera vez que me pongo a pensar que si, a veces me siento culpable por la muerte de Charlotte, mi madre biológica. Porque a fin de cuentas, ella murió dándome a mi la vida. Porque ella murió por mi. Incluso siento que mi padre me ha culpado de cierta forma durante todos estos años. Aunque siendo sinceros, es pobre hombre es tan bueno y noble que sería incapaz de culparme por algo así. Me ama demasiado y quizá por mi renunció a muchas cosas en su vida desde muy joven.

Incluso a veces me pesa un poco saber que mi padre dejó a la mujer que amaba por mi culpa. Porque en cierto modo, así fue. Si Charlotte no hubiera estado embarazada, papá hubiera podido recuperar a la profesora Lucy. Y aún cuando murió mamá no lo hizo. Eso es algo que, de una u otra forma, jamás me perdonaré, porque se quedó a cuidarme.

Paprika es otra historia, siendo sincera, nunca creí que papá volvería a enamorarse y mucho menos que iba a casarse alguna vez. Paprika me parecía, en su momento, una mujercita adorable con cara de duendecillo, tan pelirroja como indica el nombre. Hasta que comenzó a salir con papá y comenzó a frecuentarnos más, hasta que de pronto, lucía un enorme y hermoso anillo de compromiso que mi padre le había dado en promesa de matrimonio. Mi abuela tampoco estaba muy contenta con la situación, pero claro, la abuela tenía sus razones que más tarde me contaría, con la familia de Paprika. Mas tarde comprendí que Tobías, padre de Paprika, y Frances, su madre, eran un par de odiosos revoltosos radicales creadores de una organización llamada KAU. Fueron responsables de muchas muertes y que solían escapar de la justicia, o sea, de mi abuela. Más tarde descubrí que no eran exageradamente odiosos.

Yo, obviamente, no estaba de acuerdo con la relación de papá con Paprika, contando que mi padre no tuvo al delicadeza de informarme que tendría una madrastra a la edad de quince años. Nunca me avisó que el duende de San Nicolás iba a casarse con él y vivir en casa no solo en Navidad. Quizá para mi padre era su esposa y la mujer que amaba, y para la abuela, era una nuera, pero para mi, era la mujer que me estaba robando a mi padre.

Ahora entiendo al ser mayor, que mi padre se había casado con ella por amor, y no solamente por amor a Paprika, sino por amor hacia mi también. Porque quería que yo tuviera una madre. Porque la abuela no era suficiente. Porque la abuela no era mi madre, y a pesar de que me quería, no era mi madre. Tampoco Paprika. A pesar de que al final llegué a quererla como si lo fuera, haciéndome tragar mis palabras y malos tratos para con ella. Era la segunda madre que había perdido.

Aún no sabía exactamente por qué papá volvía a enamorarse después de haber sufrido tanto. Yo no podría. No pude después de Niels. Había jurado no enamorarme nunca de él porque era el hermano de la esposa de mi padre. El pupilo que mi abuela siempre había deseado tener… el hombre con quien había deseado entregarme por primera vez.

Los cumpleaños deberían de ser fechas donde te diviertes con tus amigos y tu familia. Donde puedes hacer lo que te plazca, sin ser juzgada. No debería ser la fecha para decepciones amorosas… no podía engañarme. Yo no tenía, ni tengo, amigos. Había invitado mucha gente a mi cumpleaños, pero entre tanta gente, entre tantos regalos, no había una felicitación sincera, además de la de mi familia, de los presentes. Estaba entre tanta gente sintiéndome completamente sola. Excepto por él.

Sus ojos claros solo me miraban a mi entre toda la multitud. Sus palabras y pasos de baile fueron dedicadas solo para mi. Incluso sus labios fueron míos por un momento.

Odié haberme comportado como adolescente enamorada y haber caído tan fácil a sus caricias en apariencia sinceras, a sus besos que ardían como fuego en mi peil, que me quemaba con su tacto febril, que consumaba el deseo con la simple mirada  acerada clavada en la mía color turquesa.   

Me hirió al hacerme una promesa que no cumplió. Una promesa que me destrozó el alma y partió mi corazón de cristal en mil pedazos. Una promesa de amor falso que se desvaneció en el frío viento de Venecia, para desaparecer y nunca volver. Lloré como nunca lo había hecho en ese entonces, porque me hirió y siento que solamente me había utilizado para decir que había tenido entre sus brazos a una semiveela. Y las semiveelas también sentimos y lloramos cuando debemos llorar.

Fue por eso que le rogué a mi padre que nos fuéramos lejos, a Italia. No quería tener nada que me recordara a Niels y si eso significaba irnos y dejar todo, yo lo haría y correría el riesgo de empezar de cero de nuevo. La abuela  dijo que huía, y quizá tenía razón. Y lo más importante del asunto es que papá no puso ninguna objeción para irnos de Londres.

Pero no fue tan sencillo como lo había idealizado. Paprika me lo recordaba todo el tiempo. Con su sola presencia ha sido más complicado de lo que pensé sería olvidar un amor tan grande. No me lo recordaba a propósito, claro. Con su simple apellido y parecido bastaba. Exceptuando Gianluca, porque había perdido a su tío favorito y yo debía llevar la culpa, claro. Lastimosamente, si la llevaba.

A partir de ese momento, juré no volverme a enamorar y no volverle a dedicar mis pensamientos. Fue entonces que mi escape, por llamarlo de alguna manera, llegó. La epidemia comenzó a mermar las vidas italianas y nos obligó a los estudiantes a dejar las aulas y aprender de la vida diaria. Aprender a elegir de una vida sobre la otra.

No lograba entender como era tan fácil para mi padre realizar el [i]triage[/i]. Se que era importante para poder atender a la mayoría y a los que tuvieran mayores posibilidades de sobrevivir. Sin embargo a mi aún me resultaba difícil aún sin haberlo practicado. Y sabía, que por más duro que fuera, ese sería el día en que me convertiría en una sanadora de verdad. Justo como mi padre y mi abuelo Giancarlo.

No había tenido noticias de mi demás familia. No supe que había sucedido con mi tía Clarisse y su familia y tampoco con mis abuelos. Supongo que al enterarse de que entré a la misma Universidad que mi madre y no al internado de señorita que mi abuela quería, decidieron dejar de hablarme tan periódicamente hasta que se redujera a la nada. A veces los extrañaba y sabía que papá sentía alivio al no tener que mezclarse con ellos, pero le dolía que otra vez, la familia de mamá le haya dado la espalda a sangre de su sangre.

Me enfoqué al estudio lo más que pude. Investigaba y le pedía a mi padre que me enseñara mientras estábamos en el hospital con toda esa gente infectada. Todo era monótono y depresivo. Hasta que un muggle acabó con la monotonía y llegó contagiado del mismo virus que los magos.

Como era de esperarse, el secreto mágico terminó por abolirse. ¿qué más hacer cuando las mismas personas de las que nos escondíamos, fueron contagiados con la misma epidemia que nosotros y éramos los únicos que podíamos ayudarles?

Sin duda alguna no a muchos nos pareció una gran idea. En lo personal, yo no aprobaba la idea de atenderlos en el mismo sitio que a los magos, pero eventualmente, esa idea fue desapareciendo y me di cuenta que las ideas de mi abuelo Charles solo habían infundido miedo en mi miedo a lo desconocido. Miedo que poco fueron mitigando al acercarse a mi sin prejuicios.

Muchos hombres me buscaban y, como era de esperarse, se sintieron atraídos hacia mi persona. Yo lo tomaba como una diversión, entretenimiento. Era divertido ver como peleaban entre ellos por invitarme a salir y era aún más divertido ver como papá les apuntaba con la varita amenazándolos. No fue hasta que no le dije que no tenía interés alguno en nadie hasta que supiera que iba a salir con vida de esto, dejó de hacerlo.

No fue sino hasta que conocí a Jack que me mostré verdaderamente interesada en él, aunque no de una forma física, sino más intelectual y espiritual. Él me esnseñó muchas cosas sobre los muggles. Incluso me regaló un teléfono celular para poder conversar con él en mis tiempos libres. Fue, quizá, mi escape a todo lo que estaba viviendo con la pandemia. No me enamoré en ese momento y tengo la sospecha de que pareciera que me había aprovechado de él y solo lo hubiera utilizado. Y quizá así fue por algún tiempo antes de partirle el corazón cuando supo que yo no le correspondía. Porque yo solo lo quería y estimaba como a un buen amigo. Como el amigo que nunca tuve.

Eventualmente Jack comprendió la situación y entendió que veníamos de mundos totalmente diferentes.

Como buen amigo, estuvo conmigo cuando Paprika murió y, de una forma u otra, él también estuvo pendiente de visualizar a Niels y cuando el funeral terminó, pude darme cuenta que él sintió alivio al no verlo. Al contrario que él, yo sentí añoranza por verlo de nuevo con su andar altivo y sonrisa de Gioconda con su mirada acerada dirigida a la mía.

No pude evitar sentir un poco de pena por mi padre o por el señor Tobías, porque ambos habían perdido un gran trozo de su alma. Ambos habían perdido a Paprika y por primera vez, ambos se miraron con un dolor mutuo que los acercaba más y el lazo se estrechaba más.

Jack no dejó de sostenerme la mano fuertemente durante todo el rato.  Él, además de mi padre, sintió el dolor que le pesaba a mi alma. Paprika, antes de morir, me había dicho que me amó como si fuera su propia hija y me pidió que cuidara de mi padre y mis hermanos. Esa mujer era tan buena conmigo que me hizo arrepentirme de todo lo mal que la había tratado antes y de lo seca que era con ella, y aún ahora, me siento tan culpable. Mi padre lo presiente a pesar de no hablar de ello.
Jack durmió conmigo esa noche. Aún recuerdo lo hermoso que se veía al lado de la chimenea y como las sombras dibujaban siluetas multiformes en su pálido rostro dejando ver sus ojos verdes más brillantes. Su rubio cabello le caía disparejo por debajo de las cejas. No recuerdo el momento en que me dejé llevar y me permití besarlo, avivando más esa flama dentro de su ser. Y tampoco me di cuenta de cuando me había enamorado de mi Jack.

Me enfadé conmigo misma pues me había jurado no volver enamorarme y quebrantado mi propio juramento. Le odié por hacerlo cambiar mis ideas y por haberme orillado a casi entregarme a él primera vez. Y ahora me arrepiento de no haberlo hecho, porque Jack se me había ido de las manos al día siguiente. Me lo habían arrebatado de la misma forma que me lo habían entregado. Por casualidad. Y ahora estaba muerto. Muerto con tantos otros. Pero él era MI Jack. Fue la única persona que logró ver como era yo en realidad además de mi apariencia hermosa. Fue quien me hizo ser yo misma y quien me había bajado al suelo, para ser como él, con él.

Me había rescatado y yo no supe cuando me había despedido de mi caparazón y lo había dejado entrar en mi vida. Había sido mi rayito de luz en un mundo de oscuridad.

Mi familia pasaba por un momento difícil. Nos debatíamos entre regresar y quedarnos porque era nuestra oportunidad de seguir creciendo como sanadores, pero estaba Thaddeus, mi medio hermano. No estaba segura de querer otro hermano en este momento. Mucho menos alguien a quien había visto observarme de forma lasciva y desagradable en más de una ocasión y sinceramente no quería tener que ser agradable, pero tendría que hacerlo, por mi padre.

En realidad, siempre simplemente quisiera estar infectada para morir y reunirme con mi adorado Jack, pero no puedo hacerle esto a mi padre y tampoco a mi abuela. Ya han perdido demasiado y han sufrido mucho más que mucha gente que ha vivido más años que ellos. No podía hacerles eso.

Tenía que resignarme a vivir con esto durante toda la vida. A vivir con el amor hacia un muerto, con el deseo de haber querido entregarme a él y tener una extensión de él creciendo dentro de mi ser, pero sé que no será así porque lo desperdicié. Solo puedo vivir con la añoranza de algo que perdí y que siempre extrañaré.  

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